En una pequeña aldea, había un hombre de cabellos blancos con ojos azules como el mismo cielo, que cuidaba a su dulce esposa y a sus dos pequeños hijos, con los cuales deseaba tener una vida tranquila, aunque ellos nunca tuvieron mucho dinero, eran muy felices, el siempre le sonreía a su amada, de cabellos negros como la noche y ojos rojos, tomo sus manos y le dijo felizmente "no hay otra cosa que quiera en el mundo" ella lo miro fijamente a los ojos y correspondió su gesto con un dulce beso,esas memorias en el crepúsculo, pintaron de rojo la habitación en un desgraciado día, aquella habilidad escondida en sus hijos llego a saberse un poco tarde,eventualmente todo se volvió oscuridad...
el gobernante de la aldea fue a hablar con el padre, y le dijo "esto no puede continua así" pero el no podía seguir sus ordenes.
Entonces tomo las manos de sus hijos y salio corriendo de la aldea, apresurando el paso, pues oía que alguien lo seguía, a pesar de su esfuerzo, un sirviente los alcanzó con su espada, con semejante arma en manos él fue gravemente herido, los niños consiguieron un escondite, pero aun escuchando los gritos de su padre no podían huir y solo dejarlo, lo ultimo que escucharon de él fue "yo seré su luz, les guiaré por un buen camino, salgan antes de que algo les pase, yo estaré bien" pero ya no había marcha atrás, después de ver tal escena la hermana cayo en locura, no podía hablar, ni dar un paso, su compresivo hermano la abrazó hasta que la tragedia pasara, cuando el guardia se fue, lo hizo sin dejar rastro para que los menores no volvieran, al salir de su escondite vieron a su padre envuelto en un rojo que les hizo recordar los ojos de su madre.
el menor no pudo contener su irá y mando una maldición hacia la aldea, y esta ardió en llamas hasta quedar en cenizas, de los habitantes ninguno sobrevivió y los hermanos disfrutaron el espectáculo desde lo lejos, la niña aun con temor se aferraba a su hermano quien le prometía que todo iría bien. Después de toda la destrucción el odio se desvaneció. Los niños continuaron caminando por el camino rojo y blanco del atardecer, recordando lo perdido y lamentándose por no haberlo recuperado...
después de tanto caminar, llegaron a un pequeño y nuevo pueblo, ahí comenzaron una nueva vida, el hermano trabajó para mantener a su amada hermanita, con forme el tiempo pasaba, desarrollaban mejor sus habilidades, la hermana podía desmembrar a voluntad cualquier objeto, incluyendo personas, por otro lado el hermano creaba una combustión que podía llegar a un fuego infernal, no los usaban ni presumían, los mantenían en secreto pues aun recordaban la desgracia que les trajo a sus padres y cargaban con el accidental asesinato a su querida madre...
el joven se había vuelto mayor y de buen ver, lo que atraía a las demás mujeres del pueblo, la hermana era igual de hermosa pero a ella no le interesaba eso, lo único que buscaba era ser mas fuerte, así que conquistaba hombres y los usaba como objeto de prueba para volverse mas fuerte, incluso a las pretendientas de su hermano, jugaba con ellas cuando el no estaba, los rumores de una bestia que atacaba a jóvenes desprevenidos se corrió por el pueblo, nadie imagino quien era la verdadera culpable, pues ¿quién pensaría que una hermosa chica haría tales atrocidades?
-dime madre...¿mis manos están manchadas?..dime padre...¿estoy perdiendo el camino que me pusiste?-
se preguntaba en las noches de desconsuelo, tratando de darle sentido a sus actos, su hermano la acompañaba, diciéndole lo hermosa que lucia con aquella inocente sonrisa que tenía, pero no debía forzarla si no quería, algo que siempre los había unido eran sus sentimientos, cuando ella se sentía triste, el lloraba sus lagrimas, y cuando él era feliz, ella reía su alegría, eran dos cuerpos con una misma alma, dos mitades perfectas de un mismo ser.
aun así, la sed de poder que tenia la hermana no se calmaba, en su desesperación supo como seria la mas fuerte
-¿podría ser la otra mitad la elegida? si eso es verdad...entonces...hazme el favor de matarme ahora...-
la hermana menor, cantó una canción de suave dolor, una maldición que no lo parecía, sin intención alguna...
el hermano mayor comenzó a llorar, abrazándola una ultima vez, la miro a los ojos y le dijo con una sonrisa
-siempre desee que estuviéramos juntos por toda la eternidad, pero ahora eso realmente...ya no importa..de igual manera..yo siempre seguiré vivo dentro de ti-
cayo silenciosamente en los brazos de ella, quien derramo lagrimas puras, pues no estaba quien lloraba en su lugar, el joven murió en sus brazos, y ella solo murmuro...
-Bueno, yo desee... los poderes de mi hermano. Siento que ahora puedo ser feliz...Así que ¿donde esta mi felicidad?..Quiero...Quiero llorar lagrimas cálidas...Pero tal vez..No serán por mi hermano-