El clima estaba especialmente frío aquella mañana de diciembre, aún no había abierto los ojos y ya estaba quejándose al pensar que en cualquier momento sonaría la alarma. No quería escuchar esa melodía tan conocida y bien podía levantase para desactivarla antes pero… la pereza podía más con él.
Muy a su pesar decidió que era mejor despertarse antes y llegar temprano al trabajo que quedarse holgazaneando y tener que soportar al cumulo de personas en la parada del bus. Su mano salió por el borde de la cobija, la cual le cubría el cuerpo completo incluyendo la cabeza, tanteando en donde se suponía debía estar su celular. Solo había libretas, lápices, cables y un suéter, todo dejado a consciencia pues había noches en las que sus “voces” -así las llamaba él-, no lo dejaban dormir. Tenía que escribirlo, sacar todo para que lo dejaran en paz y largarse a los brazos de Morfeo, pero lo que le interesaba no parecía estar ahí. Se destapó el rostro, abriendo lentamente los ojos para encontrarse con el gris blanquecino de su techo y la tenue luz que se filtraba por las persianas de su ventana, estaba por girar la cabeza cuando escuchó y sintió su celular bajo la almohada.
“¿Cómo llegó ahí?”
Pensó cuestionándose, pero era más que obvio que ahí lo había dejado en medio de la noche, tal vez vio la hora y no lo recordaba, o solo lo tomó entre sueños y lo guardó bajo la almohada. Tanto el sonambulismo como el olvido eran una respuesta válida, pero el estar pensando en tantas cosas desde temprano no era apropiado, su cabeza dolería, las ideas se amontonarían nuevamente y se harían fuertes, logrando así ahogar el exterior en un estallido de ruido silencioso y oscureciendo su visión con imágenes invisibles para otros. Detestaba su imaginación, odiaba con todo su ser no poder solo abrirse la cabeza y dejar todo salir, le producían terribles dolores y la mayoría del tiempo su entorno era mudo y lo único que escuchaba era lo que había dentro, casi como una tortura.
Respiró profundamente para levantarse de un salto, escuchando sus pisadas en un desesperante silencio impuesto, sus padres aun dormían y su hermana estaba arropada como siempre en la cama individual al lado de la propia, dejó el móvil sobre la almohada y fue a cambiarse escuchando como poco a poco su casa cobraba vida. El ruido del televisor, los pasos de su madre, la voz profunda de su padre, no le gustaba tanto ajetreo en la mañana pero lo veía necesario, además; era preferible al silencio, porque cuando todo está callado es cuando las ideas desbordan más caudalosamente. Desorientándolo.
Pronto estuvo listo para partir, solo faltaba tomar el desayuno y leer el periódico que su padre traía por las mañanas, su cabello estaba más largo que de costumbre, tenía que recortarlo antes de que escuchara el famoso “pareces una niña, siempre quise otra hija” de su madre.
Ella era una mujer alegre y ese día parecía estarlo todavía más, pero también se sentía un poco culpable pues justamente la abuela había fallecido hacia nueve meses, y se consolaba con la idea de que a su difunta madre no le gustaría verla triste. Todo fue tan simple y aburrido como lo esperaba, aunque cuando no planeara ir al trabajo ese día sus padres no lo notaban y lo agradeció infinitamente pues estaba lo bastante abrumado con sus ideas… hacía meses que pensaba en terminar con su vida, en abandonar todo y dejar un espacio vacío en la mesa que se llenaría con la visita de algún vecino que preguntara su nombre para dar el pésame, o una tía que no lo recordaba en su cumpleaños o graduación solo para que le viniera a la mente y fingiera tristeza por un ser que a duras penas se molestó en conocer, se sentía un cobarde e idiota y algo estúpido al tener esa clase de ideas que consideraba “triviales” en la cabeza, sin embargo, era la verdad.
Solía reírse de la gente con pensamientos así, jugar con ellos y demostrar lo listo que era, regocijarse en sus penas sin remordimiento alguno, amaba tomar sus manos y levantarlos para demostrarles que la vida valía tanto la pena…solo para hacerlas un infierno en la primera oportunidad que tuviera y hacerlos caer tan profundo como se lo permitieran.
Pfft, ¿De qué había servido todo aquello? Su Ego seguía siendo nulo, su amor por la vida se alimentaba de ver a otros llorar, la felicidad que pensó sentir no era más que la excitación de sentirse poderoso…y ahora que lo pensaba era demasiado patético depender de los demás como ellos dependían de él, se había llegado a creer el “rey del mundo” cuando no era nada más que un simple mendigo lamiendo los pies ajenos y mordiéndolos al primer descuido.
Si, esa era la mejor manera de describirlo.
Antes de darse cuenta ya estaba en la calle, sordo a los ruidos externos con la música de su reproductor, veía una masa de rostros que pasaban a su alrededor “¿Quiénes son aquellas personas? ¿Alguna vez hablé con ellas?” se preguntaba “¿Notarán que el chico de las mañanas ya no pasa?...Por supuesto que no.” Rió, volviendo sus castaños orbes al suelo, imaginando como las manchas blancas que el tiempo abandonaba sobre la acera se tornaban en nubes y lo levantaban por sobre los demás, el mundo perdía volumen, se movía bajo sus pies y cada paso que daba era una orden para que este girase a dónde quería, estaba entrando a su aislada realidad dónde lo cotidiano era caminar sobre manos nacientes del suelo, cruzar corriendo mares etéreos para desembocar al otro lado de un agujero negro que te cegaba al aterrizar sobre la superficie del sol, estos pensamientos siempre quedaron guardados en su cabeza, nunca nadie los sabría ni tenía intención de contarlos; no por egoísta, claro que no. Si no por miedo, incluso él podría tenerlo. Había hecho escasas menciones sobre estos lugares y solo había recibido miradas de desaprobación y algunos “vuelve a la tierra, ya estás grande para pensar en esas cosas” Así había aprendido a no tratar de explicarle a un idiota algo que no quiere entender y también a ‘sobrevivir’ bajo sus propias reglas.
Era tarde, muy tarde, detestaba no llegar a tiempo pero hoy era diferente, quería detenerse a mitad del camino y correr en dirección contraria, quería dar pasos pausados y disfrutar la fresca briza invernal, olvidarse del reloj y simplemente hacer lo que le entrara en gana, la sociedad podía meterse sus prejuicios por el culo porque a él ese día no le importaban.
Aunque muy a su pesar continuó el camino a su trabajo, hoy era día de paga, no valía la pena faltar este día en especial y por esos pensamientos llegaba a odiarse, aun cuando su imaginación tuviera ideas tan excéntricas siempre terminaba haciendo lo mismo, casi como si fuera una máquina diseñada para obedecer, le funcionaba en el día a día, pero por dentro esa era la principal razón de su búsqueda a la muerte. La fatal atracción que sentía por el dolor ajeno lo había retorcido de una manera un tanto extraña, en sus ideas de “Si quieres hacer algo a los demás, primero debes pasar por ello tu” lo habían llevado a cortarse, golpearse y atentar contra su vida solo por otros y cuando lo veía en retrospectiva notaba cuan poca razón tenía pues el gusto del dolor no lo habían ablandado ni dado coraje, inclusive alimentó su morbo haciéndolo buscar nuevas maneras de tortura al prójimo.
Cortes, golpes, asfixia, privación del sueño, inducción a la inanición, cansancio extremo. Todo lo había probado de primera mano, cualquier depravación que viniera a su mente la hacía realidad en cuanto podía, incluso había llegado al exhibicionismo, aunque no creía que pudiera tacharse como tal, quería algo nuevo, algo que lo hiciera salir de su rutina aunque fuera solo un poco…
Fue entonces que notó que había llegado a los riachuelos opuestos de un solo sentido, así les llamaba él a las carreteras pues cuando veía a los autos andar le parecían peces nadando río arriba, como los salmones en época de apareamiento, ya que se amontonaban igual en los altos y corrían tan rápido como podían al aparecer la luz amarilla, pero no todos eran salmones, algunos eran peces payaso, otros tiburones, también había algunas serpientes, ballenas e incluso había bichos perdidos entre todo aquel ajetreo de “aguas”
Había soportado patadas y golpes, se azotaba contra las paredes y hubo ocasiones en las que dejó que su cuerpo se desplomara contra el suelo, pero nunca había dejado que un Pez lo rosase siquiera, ¿Cuánto daño podía hacer un pez? Uno normal no haría nada, pero uno de aquellos mastodontes metálicos; mucho, tal vez demasiado. Su cuerpo podía quedar machacado, sus huesos rotos, su cabeza aturdida de por vida, incluso podrían llevarlo a la muerte, pero esta era preferible a su monotonía infinita.
Sus ojos se clavaron en las aletas -llantas- de los peces, veía lo rápido que se movían pensando en cómo rebotarían al tener abajo su cuerpo, tenía que humedecer sus labios a la imagen mental que se formaba, era encantadora, casi hipnótica, podía sentir en su cuerpo aquella gama de sensaciones mezclándose; Sus órganos aplastándose, los huesos astillados y partiéndose en dos, el caliente metal del cofre delantero dando contra la curva natural de su espina dorsal dejando en libertad un millar de choques eléctricos que lo llevarían a la inconsciencia… tuvo que morder su labio inferior y valerse de todo su autocontrol para que ese sentimiento no creciera, que el arrebato apasionado cesara y la seducción del doloroso placer de la muerte no cegara su juicio.
Pero se dio cuenta muy tarde que su cuerpo había decidido por sí solo que era lo que quería y que no.
La brecha de tiempo que trascurrió fueron los segundos más largos de su existencia, fácilmente diría que estuvo horas dando un simple paso a la tumba.
El pez que se acercaba a toda velocidad, era uno de color blanco, sus aletas se agitaban con furia y sus ojos brillaban a la luz del sol madrugador, intentó dar vuelta y rodear al joven suicida que se interpuso en su camino, pero este fue más rápido y volvió a interponerse en su ruta, aceptando el golpe en silencio, dejándose llevar por la fuerza del impacto hacia adelante, ¿o era atrás? Y dócilmente aflojó su cuerpo para que girase sobre el pavimento llenándolo de raspones y cortaduras, tierra y polvo, bañando su impecable playera gris y pantalones azulados en un polvoroso café brillante rojizo.
En esos momentos el mundo se detuvo.
Las personas dejaron su cotidiana labor para ver al joven inmóvil en medio de la carretera, el pobre escuchaba voces lejanas, gritos extraños como si estuvieran en otra lengua, sentía empujones que parecían patadas y cada esfuerzo era agotador, pero lo que más le asombró de todo fue que aún vivía, aun sentía las piernas, los brazos, la cabeza, todo lleno de un apuñalante dolor, pero los sentía.
Sonrió, probando la sangre que escurría entre sus labios, riendo suavemente para convertirlo en una carcajada. Las personas se alejaron y lo miraron con miedo, si, le temían, temían a un loco que había atentado contra su vida, a un muchacho adolorido que no podía levantarse del suelo, a alguien que en cada intento por apoyarse sobre sus brazos volvía a caer de bruces al pavimento.
-Tengo que hacerlo de nuevo… la próxima vez no fallaré.
Se prometió, olvidando el mundo a su alrededor, feliz de estar apoyado sobre el agua, rodeado de peces quietos que se amontonaban a su alrededor para mirarlo como a un trozo de comida, quería quedarse ahí y morir ahogado, quería ser la cena de esas bestias, pero lo que más deseaba era alimentarlos con trozos de comida que el mismo buscaría para ellos.
martes, 17 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
El Escritor.
Y aquí estoy
Como muchos locos, cantando solo
Como cualquier genio, imaginando imposibles
Todo un extraño que habla con las manos
Aquí estoy
Viviendo encerrado en rincones inexplorados
Temido y temiendo a seres imaginarios
Compartiendo lágrimas en dolores de seres amados
Aquí estoy
Regalando mi pan a ricos desafortunados
Aceptando ofrendas de pobres virtuosos
Viviendo entre muertes de formas horribles
Durmiendo entre lugares rocosos y dolorosos
Y aquí estoy
Como muchos
Como pocos
Como cualquiera
Aquí estoy,
Viviendo la historia que nunca acabará
que aun después de mi muerte alguien más vivirá.
Como muchos locos, cantando solo
Como cualquier genio, imaginando imposibles
Todo un extraño que habla con las manos
Aquí estoy
Viviendo encerrado en rincones inexplorados
Temido y temiendo a seres imaginarios
Compartiendo lágrimas en dolores de seres amados
Aquí estoy
Regalando mi pan a ricos desafortunados
Aceptando ofrendas de pobres virtuosos
Viviendo entre muertes de formas horribles
Durmiendo entre lugares rocosos y dolorosos
Y aquí estoy
Como muchos
Como pocos
Como cualquiera
Aquí estoy,
Viviendo la historia que nunca acabará
que aun después de mi muerte alguien más vivirá.
Recuerdo del ayer.
La tenue luz del amanecer se filtraba por la pequeña ventanilla de mi habitación, cegándome por un momento pues me había acostumbrado a la oscuridad, noté un destello a mi lado derecho. Era mi pequeña arracada de plata que reflejaba la mortecina luz amarillenta en un tono platinado brillante y, por un momento, fui consciente del hedor de mi habitación. No estaba sucia, el basurero al lado de mi cama, justo en la esquina, no estaba lleno…pero apestaba, o tal vez era yo, “¿Hace cuánto no me ducho?” me pregunté, “¿Hace cuánto no salgo de aquí? ¿Realmente estoy aquí?” Inquirí internamente, reflexionando sobre cómo había llegado a este punto.
Ayer…¿qué pasó ayer? Pasé todo el día en casa. No, salí…salí de compras, necesitaba algunas cosas, no recuerdo qué, sin embargo, eran necesarias, hice una lista, eso lo recuerdo bien pero, no sé qué estaba escribiendo en ella. Me encontré con alguien… no veo su rostro…en mis recuerdos solo es una masa deforme y difuminada, aun cuando pongo mi mayor esfuerzo en recordar, hasta el simple tono de la playera que traía puesta cambia conforme pienso.
La persona con la que hablaba se despidió de mí, dijo que le dio gusto verme y yo le sonreí y correspondí con un “A mí también”.
De haberme causado tanta dicha, probablemente me hubiera tomado la molestia de recordarlo.
Ayer…¿qué pasó ayer? Pasé todo el día en casa. No, salí…salí de compras, necesitaba algunas cosas, no recuerdo qué, sin embargo, eran necesarias, hice una lista, eso lo recuerdo bien pero, no sé qué estaba escribiendo en ella. Me encontré con alguien… no veo su rostro…en mis recuerdos solo es una masa deforme y difuminada, aun cuando pongo mi mayor esfuerzo en recordar, hasta el simple tono de la playera que traía puesta cambia conforme pienso.
La persona con la que hablaba se despidió de mí, dijo que le dio gusto verme y yo le sonreí y correspondí con un “A mí también”.
De haberme causado tanta dicha, probablemente me hubiera tomado la molestia de recordarlo.
Anhedonia
Tan solitario…¿por qué el mundo es solitario? Tan negro y amargo…
Me vestí de la primera máscara, una de seda,
Nadie podía verme, nadie podía reírse.
Estaba seguro y apacible.
Era “Feliz”.
Me vestí de la segunda máscara, una de lodo,
Nadie podría verme, nadie podía herirme.
Me había vuelto parte del ambiente.
Estaba “Tranquilo”
Pronto la tercera llegó, era de metal.
Nadie podría verme, nadie me ensordecía.
No podía hacer nada y con ello estaba bien.
Era “inútil”
Los dolores que vivían dentro no se atrevían a salir,
Por miedo a volverse insoportables, por temor a sentir,
Estaba seguro pero alguien acabó con mi confort.
Éramos tan parecidos, casi como dos gotas de agua,
El temía, yo también
No mentía, yo también.
Él callaba, yo también.
Creí que podríamos ser amigos,
Una relación estrecha y sin llegar más allá.
No como todos ellos que siempre buscaban “más”
Era asqueroso verlos a mis pies,
Solo me repugnaba que sucumbieran a mi tez
Pero lo arruinaste…como todos.
Y cuando te rechacé te negaste a aceptarlo.
Aquella terquedad que admiré se volvió un castigo
Y la insistencia me condujo a una aceptación ciega
Que no era mutua ni había amor
Pero eras feliz y lo considerabas un honor.
Cuando te diste cuenta, me odiaste.
No de la manera clásica,
No como debes odiar a alguien,
Seguiste a mi lado, engañándome
“te superé” me dijiste
Excavando en mí entre reproches
Acabándome en comparaciones
Me dijiste “yo no soy como tú”
Sin saber cuánto me lastimaba
Me reí diciendo “Tú no eres como yo”
Tras una envoltura de máscaras atizadas.
Para que entendiera esa superación de la que hablaste.
Trajiste contigo lo que más temía
Me devolviste mi malicia y crueldad
La enterraste en mi pecho cada vez más y más.
La reflejaste con todo y mentiras,
Deshebraste mi corazón
La fragilidad que ocultaba solo a ti te la mostré
¡¿Y te atreves a decir que no eres yo?!
No te había mentido
Solo una vez en obligación,
Y fue suficiente para que vieras Salir víboras de mi boca
¿Y de la tuya que sale, amigo mío?
¿Llegará el día en que no me recuerdes cuan malévolo soy?
¿Qué no me eches en cara mi solitaria condición?
Mis múltiples mascaras se fundieron
Y contigo las pude arrancar,
Pedazo por pedazo las quité
Al fin me pude liberar.
Tal vez ese fue tu cometido,
Exponerme y dejarme al mundo como aperitivo
Verías la escena de los millares de dientes hundiéndose en mi carne
Y reirías socarronamente disfrutando el cómo me dañen.
Era tu secreto, uno tan oculto…
Tan mordaz y cruel
Que ni tú lo sabes
Y actúas sin piedad ni consciencia de él.
Ahora, con la sonrisa quebrada
Con el rabo entre las patas
Intento tocarte con la mano que envolviste en espinas,
¿Duele?
¡Y es solo un roce!
Yo ya me he acostumbrado al dolor…
nota: La Anhedonia es la incapacidad e sentir placer, la pérdida de interés o satisfacción, en casi todas las actividades. es uno de los síntomas más claro de la depresión y también la esquizofrenia.
Me vestí de la primera máscara, una de seda,
Nadie podía verme, nadie podía reírse.
Estaba seguro y apacible.
Era “Feliz”.
Me vestí de la segunda máscara, una de lodo,
Nadie podría verme, nadie podía herirme.
Me había vuelto parte del ambiente.
Estaba “Tranquilo”
Pronto la tercera llegó, era de metal.
Nadie podría verme, nadie me ensordecía.
No podía hacer nada y con ello estaba bien.
Era “inútil”
Los dolores que vivían dentro no se atrevían a salir,
Por miedo a volverse insoportables, por temor a sentir,
Estaba seguro pero alguien acabó con mi confort.
Éramos tan parecidos, casi como dos gotas de agua,
El temía, yo también
No mentía, yo también.
Él callaba, yo también.
Creí que podríamos ser amigos,
Una relación estrecha y sin llegar más allá.
No como todos ellos que siempre buscaban “más”
Era asqueroso verlos a mis pies,
Solo me repugnaba que sucumbieran a mi tez
Pero lo arruinaste…como todos.
Y cuando te rechacé te negaste a aceptarlo.
Aquella terquedad que admiré se volvió un castigo
Y la insistencia me condujo a una aceptación ciega
Que no era mutua ni había amor
Pero eras feliz y lo considerabas un honor.
Cuando te diste cuenta, me odiaste.
No de la manera clásica,
No como debes odiar a alguien,
Seguiste a mi lado, engañándome
“te superé” me dijiste
Excavando en mí entre reproches
Acabándome en comparaciones
Me dijiste “yo no soy como tú”
Sin saber cuánto me lastimaba
Me reí diciendo “Tú no eres como yo”
Tras una envoltura de máscaras atizadas.
Para que entendiera esa superación de la que hablaste.
Trajiste contigo lo que más temía
Me devolviste mi malicia y crueldad
La enterraste en mi pecho cada vez más y más.
La reflejaste con todo y mentiras,
Deshebraste mi corazón
La fragilidad que ocultaba solo a ti te la mostré
¡¿Y te atreves a decir que no eres yo?!
No te había mentido
Solo una vez en obligación,
Y fue suficiente para que vieras Salir víboras de mi boca
¿Y de la tuya que sale, amigo mío?
¿Llegará el día en que no me recuerdes cuan malévolo soy?
¿Qué no me eches en cara mi solitaria condición?
Mis múltiples mascaras se fundieron
Y contigo las pude arrancar,
Pedazo por pedazo las quité
Al fin me pude liberar.
Tal vez ese fue tu cometido,
Exponerme y dejarme al mundo como aperitivo
Verías la escena de los millares de dientes hundiéndose en mi carne
Y reirías socarronamente disfrutando el cómo me dañen.
Era tu secreto, uno tan oculto…
Tan mordaz y cruel
Que ni tú lo sabes
Y actúas sin piedad ni consciencia de él.
Ahora, con la sonrisa quebrada
Con el rabo entre las patas
Intento tocarte con la mano que envolviste en espinas,
¿Duele?
¡Y es solo un roce!
Yo ya me he acostumbrado al dolor…
nota: La Anhedonia es la incapacidad e sentir placer, la pérdida de interés o satisfacción, en casi todas las actividades. es uno de los síntomas más claro de la depresión y también la esquizofrenia.
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