miércoles, 4 de diciembre de 2013

Recuerdo del ayer.

La tenue luz del amanecer se filtraba por la pequeña ventanilla de mi habitación, cegándome por un momento pues me había acostumbrado a la oscuridad, noté un destello a mi lado derecho. Era mi pequeña arracada de plata que reflejaba la mortecina luz amarillenta en un tono platinado brillante y, por un momento, fui consciente del hedor de mi habitación. No estaba sucia, el basurero al lado de mi cama, justo en la esquina, no estaba lleno…pero apestaba, o tal vez era yo, “¿Hace cuánto no me ducho?” me pregunté, “¿Hace cuánto no salgo de aquí? ¿Realmente estoy aquí?” Inquirí internamente, reflexionando sobre cómo había llegado a este punto.

Ayer…¿qué pasó ayer? Pasé todo el día en casa. No, salí…salí de compras, necesitaba algunas cosas, no recuerdo qué, sin embargo, eran necesarias, hice una lista, eso lo recuerdo bien pero, no sé qué estaba escribiendo en ella. Me encontré con alguien… no veo su rostro…en mis recuerdos solo es una masa deforme y difuminada, aun cuando pongo mi mayor esfuerzo en recordar, hasta el simple tono de la playera que traía puesta cambia conforme pienso.

La persona con la que hablaba se despidió de mí, dijo que le dio gusto verme y yo le sonreí y correspondí con un “A mí también”.

De haberme causado tanta dicha, probablemente me hubiera tomado la molestia de recordarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario