Como de costumbre, yo dormía desnudo en mi cama. Mi
casa solitaria me permitía darme ese lujo. Ya entrada la madrugada fue cuando
escuché unos pasos, nunca he sido creyente de los fantasmas, por lo que no me
fue difícil deducir que era un vil ladronzuelo. Lo raro de aquello es que yo no
poseía nada de valor. Me hice de un bóxer y un pantalón puesto estratégicamente
en mi cajón para un rápido alcance, nunca se sabe cuándo ocurrirá un accidente
y una imagen mía, desnudo, en la calle…no.
Por desgracia,
los pasos se escuchaban cada vez más cerca, dejé una almohada en mi lugar y me
arrastré fuera de la cama, me oculté tras la puerta de mi habitación, listo
para que se abriera y cuando el hombre entró yo salí, pude ver un poco de su
vestimenta, una sudadera encapuchada negra con una máscara blanca, clásica de
los asesino de película. ¿Un imitador, quizá? ¿Qué hacía en mi casa? No
recordaba haber visto nada comprometedor, mucho menos haber molestado a un loco
en la calle. Presumo de no tener enemigos, ni tampoco había visto algo en
televisión….
Salí con gran sigilo, entrando a la primera habitación
que vi, era el cuarto de limpieza.
Escuché al intruso gritar algo incomprensible mientras me ponía el pantalón ¿estaba loco? Eso parecía; volví a escuchar sus pasos, golpee la puerta del armario lo suficientemente fuerte para que lo oyera, pero no tanto para que creyese que era intencional. Me quedé en cuclillas, con la diestra levantada a la altura del hombro, empequeñecida y con la base de la muñeca por delante. La zurda yacía a mi lado, suelta, pero lista para mis órdenes.
Escuché al intruso gritar algo incomprensible mientras me ponía el pantalón ¿estaba loco? Eso parecía; volví a escuchar sus pasos, golpee la puerta del armario lo suficientemente fuerte para que lo oyera, pero no tanto para que creyese que era intencional. Me quedé en cuclillas, con la diestra levantada a la altura del hombro, empequeñecida y con la base de la muñeca por delante. La zurda yacía a mi lado, suelta, pero lista para mis órdenes.
El hombre abrió la puerta, salté sobre él y le rompí
la nariz, atacando su barbilla en un remate que lo hizo caer de lleno al suelo;
tomé su muñeca y la mordí, arrebatándole el cuchillo cuando intentó defenderse
Coloqué el arma sobre su pecho y hundí la punta en su
piel, escuché como jadeaba, tosía, se ahogaba con la sangre que se Resbalaba
por los costados de la máscara.
Escuché un leve gemido. “Sorpresa” murmuró, en
el momento no entendí, pero todo cobró sentido cuando le quité esa ridícula
máscara blanca….lo conocía, era Matt, un amigo de siempre, le encantaba hacer
bromas pesadas y jugar con los temores de la gente…
Aquello no dio para más, la familia de mi amigo Matt me
guardó rencor, en el juzgado mi abogado
los convenció de ser defensa legítima, y los amigos que me quedaban se alejaron
de mí. No le vi lo malo, pero mi psicólogo tenía una opinión diferente, al
parecer el que me preguntara ciertas cosas estaba fuera de lo que era el
sentido común. Yo, quien siempre se había mofado de tener suficiente intelecto
para distinguir lo que está bien de lo que está mal ahora era el enfermo
mental, él que sabe, se educó en libros…pero…de haber sido aquello una
situación real ¿habría tenido tanta suerte? Es decir, el jamás pensó en
matarme, si hubiera ido en serio ¿el muerto…sería yo?