“Y detrás de mí, el ventilador
estalló”
Estalló dejando el aspa libre y volando en dirección
incierta. Y, como si así hubiera querido desde el principio; se clavó en la
cabeza de la chica de una manera tan certera que era difícil creer que había
sido obra del destino, algo aleatorio, una mala jugada.
La sangre brotó a chorros manchando el piso que iba dejando
al dar pasos tambaleantes hasta caer a la imposibilidad de poder mantenerse
erguida, el camino carmín que guiaba hasta ella continuaba expandiéndose, pero
ahora en un charco brillante del más puro rojo.
Con los ojos al cielo y su castaño cabello oscurecido por el
líquido, la tez blanca de aquella hermosa mujer de labios rosados y sedosos se
veía aún más blanquecina que de costumbre y su hermosa boca que alguna vez
vistió los colores de la rosa ahora eran de un grisáceo que dejaba una difícil
tarea a la comparación.